Retomar la manija

Se hace difícil, no embarcarse en el tiempo furioso de los demas.
No perderse entre las obligaciones y los compromisos.
No desdibujarse en el aceleramiento de un ritmo que no es el propio.
Recuperar los recreos y la calma.
Mal comienzo -me dije- cuando empecé a sentir en marzo el agotamiento que me invade cada noviembre.
Y acá estoy,
esperando a que se termine de hacer el café,
para sentarme a disfrutar del ocio frente a la pantalla.
Y es que las agujas de tejer
frente a una buena película
calman cualquier agobio, dice mi madre,
que también me compra el Franja Blanca
porque sabe que acá no lo consigo.


